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Ocho portadas, tres países distintos

Avatar de Desconocido por Astro Lopitecus · 4 agosto, 2026

Llevo cinco días leyendo lo de Ceuta en ocho medios distintos a la vez, que es un ejercicio que no recomiendo a nadie con la tensión alta. Y he llegado a una conclusión que no va sobre Ceuta: va sobre nosotros, sobre el oficio, y no deja bien a casi nadie.

Los hechos gordos no los discute ninguno. El 30 de julio entró en la ciudad una cantidad de gente comparable a su censo. Eso está en todos. A partir de ahí, cada uno ha escrito un país distinto.

Tres periódicos, tres realidades

En unos, esto es un problema de orden público y de soberanía, y el sujeto de las frases son las personas que cruzaron. En otros, es una crisis humanitaria, y el sujeto son las condiciones del viaje. En un tercer grupo es, sobre todo, un problema para el Gobierno, y el sujeto es el ministro de turno y su carrera política.

Tres relatos, con los mismos datos, sin que ninguno mienta. Ese es el truco y por eso es tan difícil de combatir: no se falsea el hecho, se elige el sujeto de la frase. Y quien elige el sujeto ha ganado la discusión antes de que empiece.

Lo que a mí me falta en las ocho portadas

Y donde de verdad coinciden todos es en lo que no hay. He buscado y he encontrado poco o nada:

  • Qué se sabía y cuándo. Una convocatoria de esa magnitud no se organiza en secreto absoluto. Alguien tuvo que verlo venir.
  • Qué capacidad real tenía Ceuta. Cuántas plazas de acogida existían el 29 de julio. Es un número. Debe estar en algún sitio.
  • Qué hace exactamente ahora un menor que está allí. Dónde duerme, quién lo tutela, quién paga.
  • Y los ceutíes. No el vecino indignado de veinte segundos, sino cómo funciona hoy un ambulatorio o un colegio de esa ciudad.

Eso no sale porque es caro y lento. Requiere pedir datos, esperar respuestas, viajar. Da mucho menos tráfico que un vídeo de treinta segundos con música tensa. Y así llevamos años: opinión barata desplazando a reportería cara, y luego nos preguntamos por qué nadie se fía de nosotros.

No hace falta mentir para desinformar. Basta con elegir quién es el sujeto de la frase y no ir nunca a comprobar lo que cuesta comprobar.

Y una advertencia que me hago a mí mismo el primero, porque escribo esto desde el mismo gremio al que estoy poniendo a caldo: dentro de un mes, cuando aparezcan los informes y los papeles, muchos de los que hoy opinan con tanta seguridad dirán que ellos ya lo habían dicho. Guarda las portadas de esta semana. Son la prueba.

Mientras tanto, lo de siempre: lee dos medios que se detesten. Busca el dato numérico, no el adjetivo. Y desconfía del que ya lo tiene todo clarísimo a los cinco días. Yo llevo cinco días y no tengo nada claro salvo esto.

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