Querido lector, hoy no hay juego, ni acertijo, ni conceptillo ingenioso. Hoy hay una frontera que ayer se cruzó por decenas de miles de personas en cuestión de horas, una ciudad de ochenta y tantos mil habitantes desbordada, y un país entero mirándose los zapatos.
Las cifras aún bailan y bailarán unos días, así que no voy a jugar con ellas. Lo que no baila es lo esencial: en una sola jornada entró en Ceuta una cantidad de gente comparable a su propia población. Eso no es un repunte migratorio. Eso es un acontecimiento histórico ocurriendo un miércoles.
Lo primero, y lo que menos se está diciendo
Antes de entrar en el reparto de culpas, que es el deporte nacional y llegará solo, conviene decir una cosa que hoy se está diciendo poco: los que cruzaron son personas. Miles de ellos, adolescentes. Cruzaron un mar en condiciones que ninguno de nosotros aceptaría para un hijo, y muchos lo hicieron porque alguien les dijo que era el momento.
Eso no convierte el asunto en un problema humanitario y ya está, que también sería una forma cómoda de no mirarlo. Una ciudad no puede absorber en una tarde a su propia población otra vez. Es materialmente imposible, lo diga quien lo diga y con la mejor intención del mundo. Ambas cosas son verdad a la vez, y quien te pida que elijas una te está vendiendo algo.
Las preguntas que hoy tocan
No tengo respuestas. Tengo preguntas, y las dejo escritas y fechadas para poder volver a ellas dentro de unos meses, cuando ya nadie se acuerde:
- ¿Sabíamos que venía? Y si lo sabíamos, ¿desde cuándo y quién lo sabía?
- ¿Qué hizo Marruecos, que controla su lado de la frontera con notable eficacia cuando le interesa?
- ¿Dónde estaba el mando? No el ministro en la foto de mañana: el mando, ayer, a las ocho de la tarde.
- ¿Y qué se hace ahora con las personas que están ahí, que es la pregunta que nadie quiere responder en voz alta?
Cuando en una tarde entra en una ciudad tanta gente como habitantes tiene, ya no estamos hablando de política migratoria. Estamos hablando de si el Estado estaba mirando.
En resumen, querido lector
Van a pasar tres cosas y las apunto hoy, 1 de agosto, para que puedas restregármelas si me equivoco. Una: se discutirá durante dos semanas de quién es la culpa y ninguna de esas dos semanas servirá para nada práctico. Dos: alguien dirá que esto no se podía prever. Tres: en septiembre habrá comparecencia, cara de circunstancias y ni una sola dimisión.
Ojalá me equivoque en las tres. Llevo veinte años apuntando cosas así y no me ha pasado todavía.
Hoy toca mirar a Ceuta. Y sobre todo, no dejar de mirar dentro de tres semanas.
