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Ponga usted en valor su hoja de ruta

Avatar de Desconocido por Ruggero De Ceglie · 6 marzo, 2026

Querido lector, hoy propongo un ejercicio sencillo y devastador. Coge la última declaración de cualquier cargo público —da igual el partido, esto es un mal de familia numerosa— y tacha todas las palabras que no signifiquen nada. Tacha «poner en valor». Tacha «hoja de ruta». Tacha «desde la responsabilidad». Tacha «escenario complejo». Cuando termines, mira lo que queda.

No queda nada. Ese es el chiste. Y es un chiste carísimo, porque lo pagamos nosotros.

El diccionario del que no quiere responder

Existe un idioma paralelo, con su gramática y sus reglas, cuya única función es ocupar el espacio donde debería ir una respuesta. Va un pequeño glosario de urgencia:

  • «Estamos trabajando en ello»: no estamos trabajando en ello.
  • «No comparto el marco de la pregunta»: la pregunta es buena y no tengo respuesta.
  • «En su momento se explicará»: confiamos en que para entonces te hayas olvidado.
  • «Hay que ser prudentes»: hay que ganar tiempo.
  • «Asumo toda la responsabilidad»: no dimito. Nunca significa otra cosa. Nunca.

Vaciar una palabra es más rentable que prohibirla

Y aquí está la parte fina del oficio, la que merece un máster. A una palabra incómoda no hace falta censurarla. Sale caro y da mala prensa. Lo eficiente es gastarla: usarla tanto, y para tantas cosas distintas, que acabe sin filo.

Piénsalo con «libertad». O con «diálogo». O con «transparencia», que es mi favorita, porque se ha convertido en el nombre de un portal web donde no encuentras nada. Ya no significan nada porque significan todo, y una palabra que sirve para justificar cualquier cosa no sirve para exigir ninguna.

Cuando te han vaciado el vocabulario, ya no necesitan mentirte. Te has quedado sin herramientas para señalar la mentira. Es más barato y no deja huellas.

No te quitan la libertad de hablar. Te quitan las palabras con las que podrías decir algo, que sale mucho más barato y no sale en los periódicos.

En resumen, querido lector

La próxima vez que oigas una rueda de prensa, no escuches el tono ni la seguridad con la que hablan, que de eso van sobrados. Escucha si hay algún sustantivo concreto. Un número. Una fecha. Un nombre propio. Un «sí» o un «no» sin adverbios colgando.

Si no lo hay, no ha habido respuesta. Ha habido ruido educado. Y el ruido educado, con corbata y atril, sigue siendo ruido.

Que tengan ustedes un escenario complejo, y que se lo pongan en valor donde les quepa.

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