Querido lector, hoy toca aritmética, que es la asignatura que este país suspende con más elegancia. Nada de adjetivos. Números, que son más difíciles de discutir y mucho peores de leer.
Ceuta tiene alrededor de ochenta y tres mil habitantes. Es un dato de padrón, aburrido y comprobable. El 30 de julio entraron en la ciudad, según las cifras que se manejan estos días, del orden de ochenta mil personas.
Léelo otra vez, despacio, que la magnitud engaña. No es «muchos inmigrantes». Es, en una jornada, prácticamente otra Ceuta.
Traducción a escala, para que duela lo justo
Como los números grandes no significan nada hasta que te los pones al lado de casa, hagamos la conversión:
- Aplicado a Madrid, sería la entrada de unos 3,3 millones de personas en una tarde.
- Aplicado a Barcelona, alrededor de 1,6 millones.
- Aplicado a una ciudad de 50.000 vecinos, otros 48.000 llamando a la puerta el mismo día.
Ahora piensa en tu ambulatorio. En el colegio de tu barrio. En los policías de tu comisaría, que sabes cuántos son porque son siempre los mismos cuatro. Piensa en cuántas camas hay. Multiplica por cero la palabra «ideología» y quédate solo con la logística.
Lo que no cabe en ninguna pancarta
Esta es la parte incómoda para todo el mundo, y por eso no la dice casi nadie. Con estas cifras, el problema deja de tener una solución bonita.
El que dice que se acoge a todos sin más tiene que explicar dónde, con qué presupuesto y con qué personal, y tiene que explicárselo a un ceutí cuya hija lleva tres semanas sin pediatra. El que dice que se devuelve a todos mañana tiene que explicar a dónde, con qué acuerdo, con qué avión y bajo qué convenio internacional, y qué se hace con los menores, que no se pueden meter en un autobús como si fueran paquetes.
Ninguna de las dos frases resiste cinco minutos de aritmética. Y aun así, son las dos únicas frases que vas a oír esta semana, gritadas con mucha convicción por gente que no ha hecho ni una división.
Cuando un problema no tiene ninguna solución cómoda, la política deja de buscar soluciones y se dedica a buscar culpables. Sale más barato y da más votos.
En resumen, querido lector
Yo no tengo la solución, y desconfío profundamente del que a estas alturas dice tenerla en un tuit. Lo que sí sé es que un Estado serio hace estas cuentas antes, no después; que las hace en marzo, en un despacho, con gente aburrida y un Excel; y que para eso, precisamente, le pagamos.
Si el 30 de julio nadie tenía hechas estas cuentas, el problema no es la frontera. El problema es que nos gobierna gente que no sabe dividir.
Ochenta mil entre ochenta y tres mil da, aproximadamente, uno. Una ciudad entera. Que alguien lo apunte antes de septiembre.
