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Experto, sí. ¿Experto en qué?

Avatar de Desconocido por Astro Lopitecus · 5 mayo, 2026

Le pusieron un rótulo debajo que decía «experto» y con eso bastó. No dijeron experto en qué. No hacía falta. La palabra sola ya hace el trabajo, como esos medicamentos cuyo prospecto nadie lee porque la caja es blanca y pone algo en latín.

Llevo demasiados años viendo desfilar a esta gente por los platós y he llegado a una conclusión incómoda: el problema no es que no sepan. Muchos saben, y bastante. El problema es de qué saben, y en qué momento se les deja de preguntar por ello.

La deriva del especialista

El proceso es siempre igual y tiene la elegancia de una ley física. Primero viene una señora que estudió veinte años una cosa muy concreta. La invitan a hablar de esa cosa concreta y lo hace estupendamente. Como funciona bien en cámara, la vuelven a llamar. Y la segunda vez ya no le preguntan de lo suyo: le preguntan de lo de al lado.

Y ella contesta, claro. Contesta porque decir «de eso no sé» en directo es de las cosas más difíciles que existen, y porque nadie la ha invitado nunca por lo que no sabe. A la quinta comparecencia, la epidemióloga opina de geopolítica y el geopolitólogo opina de vacunas, y el rótulo sigue poniendo «experto», que es lo único que no ha cambiado.

  • Fase 1: sabe mucho de lo suyo y lo cuenta bien.
  • Fase 2: le preguntan de lo de al lado. Improvisa con acierto.
  • Fase 3: tiene opinión de todo y agenda apretada.
  • Fase 4: ya no vuelve al laboratorio. Ahora su trabajo es esto.

Lo que la televisión premia no es el saber

Porque una tertulia no premia el conocimiento, premia la rotundidad. Y el conocimiento real casi nunca es rotundo: viene lleno de «depende», de «los datos son preliminares», de «habría que ver la muestra». Eso, en televisión, es un desastre. El que dice «no lo sabemos todavía» no vuelve. El que dice «yo se lo advertí hace un año» vuelve el jueves.

La duda es la principal herramienta de quien sabe y el peor material audiovisual que existe. Por eso los platós están llenos de gente segurísima.

Y no se lo reprocho a ellos, o no solo. Se lo reprocho a quien monta el programa sabiendo perfectamente lo que hace, porque lleva veinte años haciéndolo y le funciona.

Así que lo de siempre, que es poco pero es lo que hay: mira el rótulo entero. Pregúntate experto en qué. Busca si ha publicado algo sobre eso concreto. Y fíate más del que duda que del que nunca lo hace. Desconfía de la certeza rápida. Es la más barata de fabricar.

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