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Familia en el comunicado, mercado en la presentación

Avatar de Desconocido por Ruggero De Ceglie · 11 junio, 2026

Querido lector, voy a decir algo que en este país se paga caro: no me interesa el fútbol. Espera, no cierres. No vengo a darte la charla del intelectual que no ve el partido y quiere que lo sepas. Vengo a hablarte de otra cosa: de lo que ocurre alrededor del partido, que es donde está el negocio y donde nadie mira.

Lo del opio es injusto y además es falso

Empecemos por lo justo. Eso de que el fútbol es el opio del pueblo lo dice mucho señor de tertulia que jamás ha entrado en un campo, y es una tontería con pretensiones. El fútbol es un juego magnífico, y la gente que lo quiere no es tonta ni está adormecida: sabe perfectamente distinguir entre lo que pasa en el césped y lo que pasa en el palco. De hecho lo distingue bastante mejor que el tertuliano.

El problema nunca ha sido el juego. El problema es que sobre ese juego se ha construido una estructura que ya no tiene nada que ver con él.

La cuenta del aficionado

Haz números conmigo, que es un ejercicio deprimente pero instructivo. Para ver a tu equipo hoy hace falta:

  • Una suscripción. A veces dos, porque los partidos están repartidos entre plataformas.
  • Disponibilidad para horarios diseñados en otro huso horario, con partidos a la hora de comer del lunes.
  • Paciencia con una camiseta que cambia cada temporada por motivos exclusivamente estéticos y setenta euros.
  • Y aguantar que te llamen «afición» en los comunicados y «mercado» en las presentaciones a inversores.

Al hincha se le llama familia cuando hay que pedirle algo y consumidor cuando hay que cobrárselo. Nunca al revés.

En resumen, querido lector

Lo fascinante del asunto es la lealtad. Tú puedes cambiar de banco, de compañía de teléfono, de pareja y hasta de país. De equipo, no. Y ellos lo saben. Saben que eres el único cliente del mundo que no se va a ir jamás, hagan lo que hagan, suban lo que suban, jueguen a la hora que jueguen.

Ningún departamento de marketing del planeta ha soñado nunca con algo así. Y como no lo han conseguido ellos —lo pusiste tú, de crío, gratis, porque tu padre te llevó un domingo—, se limitan a explotarlo.

Disfruta del partido, de verdad. Pero cuando te hablen de sentimientos, mira quién factura.

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