Yo me lo creo. Me lo creo porque lo repiten con la fe de los convertidos, con el brillo en los ojos del que ha olido el dinero sin haber visto nunca el trabajo. Me lo creo porque lo he leído tantas veces que ya no sé si es un consejo, una amenaza o una misa. “Ganar dinero por internet es fácil”. Fácil, dicen. Fácil como respirar, fácil como pecar, fácil como prometer lo que no se piensa cumplir.
Y aquí es donde entra Astro Lopitecus, amigo del infame Ruggero, su sombra con resaca, su alter ego con pluma más vieja y más mala leche. Yo soy el que se sienta en la última fila, mira el escenario y cuenta los dientes del charlatán mientras el resto aplaude. Yo soy el que escucha a los gurús hablar de libertad financiera y ve, detrás del telón, la misma vieja máquina: un embudo, un formulario, una sonrisa de anuncio, y el ruido húmedo del dinero cayendo en el bolsillo de otro.
Porque, a ver. Vamos a decirlo despacio, como quien pronuncia un epitafio: sí, ganar dinero por internet es fácil. Con una condición. Que el dinero no sea para ti. Que el dinero venga de los demás. Que tu oficio sea enseñar a otros a ganar dinero sin que ellos lo ganen nunca. Que tu negocio sea la esperanza ajena, esa materia prima barata, infinita y renovable como la estupidez humana cuando se la riega con promesas.
La fábrica de los “fáciles”
He visto la cadena de montaje, y siempre funciona igual. El gurú aparece en una foto que huele a banco de imágenes: brazos cruzados, reloj grande, sonrisa que no toca los ojos. Detrás, un coche alquilado o una pared blanca minimalista. Habla de mentalidad, que es una palabra que vale para todo y no sirve para nada. Habla de hábitos, que es una palabra que suena a gimnasio, y promete resultados sin sudor. Habla de sistemas, y jamás enseña el suyo, salvo la parte donde te pide la tarjeta.
Luego llega el milagro, el gran truco, el “método”, el “framework”, el “secreto que nadie te cuenta” (salvo él, y por 19,99). Y uno, que es humano y tiene facturas, hace lo que hacemos todos cuando la realidad muerde: se agarra a la ilusión como el náufrago a la tabla, aunque la tabla esté barnizada con aceite de serpiente.
Taxonomía del gurú ibérico
Hay especies. Esto no es biología fina, es zoología de polígono digital. Yo los he clasificado con el rigor del que ya no tiene paciencia.
- El Vendedor de Libertad: te habla de “ser tu propio jefe” mientras él es esclavo del algoritmo, del webinar semanal y del email con emojis.
- El Monje del Dropshipping: predica desapego pero se le nota apego al margen. Vive de venderte el mapa para encontrar el tesoro que ya no existe.
- El Profeta del Cripto-Paraíso: te promete el Edén en una gráfica y te deja el infierno en la cartera. Siempre está “a largo plazo”, que es como decir “ya si eso”.
- El Coach de la Nada: su producto es su voz. Su método es su convicción. Su prueba es un “créeme, bro”.
- El Sacerdote del Curso: el curso es barato para enganchar, el máster es caro para rematar, y el mentoring es directamente una colecta con Zoom.
Y todos comparten una cosa: ganan dinero por internet. De forma relativamente fácil. Porque el esfuerzo, el riesgo y el fracaso se lo reparten a sus alumnos. Ellos se quedan con la parte limpia: el cobro, el aplauso, el testimonio trucado y el “caso de éxito” que parece escrito por un primo con entusiasmo.
El método definitivo para ganar dinero por internet
Ahora viene lo bueno. Te lo voy a contar yo, Astro Lopitecus, sin incienso y sin música épica de fondo. El método definitivo, el que nunca falla, el que no depende de tendencias ni de “nichos”, el que se mantiene firme incluso cuando cambia el algoritmo y arde la burbuja.
Paso 1: escribe un libro sobre cómo ganar dinero por internet.
Paso 2: véndeselo a los que quieren ganar dinero por internet.
Paso 3: repite, pero añade palabras nuevas: “automatizado”, “pasivo”, “sin esfuerzo”, “desde casa”, “en pijama”, “con tu móvil”, “en 7 días”, “sin experiencia”, “aunque odies vender”.
Y ya está. Fin del misterio. Se acabó el humo. Lo demás son accesorios, decoración, escenografía. El motor real es éste: convertir la aspiración ajena en tu nómina.
El dinero fácil existe. Pero casi siempre es fácil para el que lo cobra, no para el que lo persigue.
Manual de supervivencia para no ser el primo de turno
“Primo” es una palabra fea, sí. Pero es práctica. No describe a una persona tonta, describe a una persona cansada, apurada, con hambre de salida. Un primo puede ser cualquiera. Un primo puede ser yo, en un mal día, cuando el alquiler aprieta y la dignidad se vuelve negociable.
Así que aquí va un antidoto, sencillo y útil, para que la próxima vez que te digan “es fácil” no te hipnoticen con el dedo.
- Si la prueba del éxito es una foto, desconfía. El éxito real tiene contabilidad, no poses.
- Si el secreto cuesta 9,99, no es secreto. Es un folleto con pretensiones.
- Si el método funciona para todos, no funciona para nadie. Y si funcionase, no lo venderían, lo usarían en silencio.
- Si todo es “mentalidad”, te están culpando por adelantado. Así el fracaso siempre será tuyo, nunca de su método.
- Si te meten prisa, te quieren torpe. La prisa es el maquillaje del engaño.
La verdad, la fea, la que no se vende
Ganar dinero por internet no es imposible. Lo que pasa es que el camino real se parece muy poco a la propaganda. El camino real huele a oficio, a constancia, a aprender algo de verdad, a cometer errores, a atender clientes, a entregar valor, a competir con otros que también quieren comer. Huele a trabajo, o sea, huele a algo que el gurú no puede venderte sin que se le desinfle la promesa.
La ironía es cruel: mientras tú buscas un atajo para ganar dinero por internet, hay gente ganándolo con cosas aburridas. Con servicios. Con productos. Con habilidades. Con paciencia. Sin gritar “libertad financiera” cada tres frases. Sin poner un Lamborghini en miniatura en la portada. Sin poner “últimas plazas” cuando hay plazas infinitas.
Y por eso el cuento del dinero fácil triunfa. Porque vende una fantasía con menos fricción que la realidad. La realidad exige una cosa insoportable para muchos: tiempo. Y el tiempo no se compra con un curso. El tiempo solo se paga viviéndolo, y eso es un negocio pésimo para el vendedor de humo.
Epílogo del simio astral
Así que sí, amigo. Es verdad. Ganar dinero por internet es fácil. Solo tienes que escribir un libro que explica cómo ganarlo y esperar a que los primos de turno te lo compren. Es un sistema perfecto: el alumno paga por una ilusión, el gurú cobra por venderla, y cuando la ilusión falla, el gurú te dice que fallaste tú, por falta de mentalidad. Una estafa elegante, con tipografía moderna y un carrito de Stripe.
Si has llegado hasta aquí, te dejo una última consigna, seca y útil, como un vaso de agua fría: desconfía de lo fácil. Lo fácil suele ser el camino más corto hacia el bolsillo de otro. Y si aun así quieres intentarlo, intenta lo difícil, que al menos te pertenece. Aprende algo. Haz algo. Vende algo real. Aguanta. Mejora. Repite. Eso no lo vas a ver en un anuncio, pero suele ser lo único que queda cuando se apaga el humo.

pero que mierda es esto xaxo?